Dormir bien parece simple, pero en invierno muchas personas notan que su descanso no es el mismo. La calefacción al máximo, el aire seco, las ventanas cerradas y los cambios en los horarios de luz afectan la calidad del sueño más de lo que solemos pensar.
Por qué importa el descanso
El sueño es un proceso activo. Durante las horas de descanso, el cuerpo repara tejidos, consolida la memoria y regula procesos hormonales. Una mala noche puede sentirse al día siguiente. Varias malas noches seguidas tienen un impacto mayor en el ánimo, la concentración y la salud en general.
Los adultos suelen necesitar entre siete y nueve horas de sueño por noche, aunque cada persona tiene su propio reloj.
La temperatura del cuarto
La mayoría de los expertos en sueño coinciden en que la temperatura ideal del dormitorio en invierno está entre dieciocho y veinte grados. Por encima de eso, el sueño se vuelve más liviano y se interrumpe con más facilidad.
Ajustes que ayudan a dormir mejor
• Regular la calefacción. Más calor no significa mejor descanso. Bajar el termostato a la noche o usar una manta extra puede ser una mejor opción.
• Mantener el aire menos seco. Un humidificador, una palangana con agua cerca del radiador o ventilar un rato antes de dormir ayudan a mejorar el aire del dormitorio.
• Cuidar la rutina antes de acostarse. Evitar pantallas durante la última media hora, bajar la intensidad de las luces y reservar la cama para dormir son hábitos que el cuerpo reconoce con el tiempo.
• Aprovechar la luz natural. Los días son más cortos, así que exponerse al sol durante el día ayuda a regular el ciclo circadiano. Una caminata al mediodía puede hacer mucho.
• Evitar comidas pesadas o cafeína en las últimas horas. Lo que se come y se toma a la tarde y a la noche influye más de lo que parece.
Si el sueño se ve afectado de manera persistente, vale la pena consultar con un profesional. El descanso no es un lujo. Es uno de los pilares de la salud, tanto física como mental, y cuidarlo en invierno requiere algunos ajustes simples.




